Frente a las recientes insinuaciones sobre una posible intervención externa para combatir el crimen organizado, la presidenta Claudia Sheinbaum ha marcado una línea roja en defensa de la independencia nacional. 

La mandataria ha movilizado a su equipo diplomático para asegurar que cualquier estrategia de seguridad con los países vecinos se base en la cooperación técnica y el intercambio de información, descartando de forma tajante cualquier acción que vulnere la integridad del territorio. Esta postura busca transformar la tensión en un diálogo constructivo que priorice la estabilidad regional sin ceder un ápice de la autoridad estatal.

En el plano internacional, el Gobierno de México ha comenzado a tejer una red de apoyo con otras potencias latinoamericanas para blindar la autonomía del continente. 

El reciente acercamiento con el liderazgo brasileño refuerza la visión de una región unida que rechaza las políticas de imposición y aboga por soluciones soberanas a problemas compartidos. Al mismo tiempo, el respaldo de diversos sectores legislativos en el extranjero confirma que la diplomacia mexicana está logrando posicionar el respeto a la soberanía como el único camino viable para una vecindad segura y armoniosa.